La elección parlamentaria de octubre de 2019 mostró un resultado sorprendente: la lista al Senado de la Vertiente Artiguista consiguió dos bancas sin obtener representación en la Cámara de Representantes. Este fue un hecho inusual pero pasó desapercibido por la centralidad que tuvo la elección presidencial y la alternancia de partidos en el gobierno.
El magnífico resultado conseguido por la lista encabezada por Enrique Rubio se basó en una estrategia electoral inédita que algunos denominaron colectora o aspiradora. Mientras la lista de Rubio obtuvo 2 bancas, el conjunto de listas del nivel de diputados no logró ninguna. La acumulación de votos por sublemas permitida en el Senado mejoró el rendimiento electoral del sector, mientras la prohibición existente en diputados, lo perjudicó. Recapitulemos un poco. El sublema «Progresistas» del Frente Amplio estaba integrado por las listas de Mario Bergara (88.222 votos), Enrique Rubio (84.009 votos), Álvaro García (36.413 votos) y Fernando Amado (23.479 votos). En total obtuvo 4 bancas, dos por cociente entero y dos por cocientes decrecientes. El segundo cociente de la lista de Bergara fue 44.111 votos y el de la lista de Rubio fue 42.005, en tanto el primer cociente de la lista de García, que no obtuvo ninguna banca en la cámara alta, fue de 36.413. Esto indica que la segunda banca de la lista encabezada por Rubio fue lograda por apenas 5.592 votos (Baladón 2022). Lo curioso del caso es que las 18 listas a la Cámara de Representantes de la Vertiente Artiguista presentadas en todo el país lograron sólo 26.938 votos. El resto de los votos que permitieron el formidable resultado en el Senado pertenecían a un conjunto de listas de pequeños sectores del Frente Amplio nucleadas en torno a la figura de Humberto Castro, un casi desconocido dirigente que alcanzó diversos cargos menores en los gobiernos del Frente Amplio.
Las 76 hojas de votación presentadas en todo el país por el agrupamiento Baluarte Progresista, que incluían la lista al Senado encabezada por Rubio, reportaron un total de 57.071 votos, o sea mas del doble de los alcanzados por la propia Vertiente. Sus candidatos a diputado compitieron sin chance alguna en cada departamento del país, pero contribuyeron a la elección de dos bancas en el Senado. Así fue que Enrique Rubio y Amanda Della Ventura se convirtieron en senadores. La estrategia de la colectora ignora completamente la competencia en el nivel de diputados y su objetivo es ganar bancas en el Senado, donde sí se puede acumular por sublemas y obtener bancas adicionales por cocientes decrecientes. La estrategia no sólo supone inscribir listas en la Corte Electoral, sino también en distribuirlas y lograr que los votantes las introduzcan en la urna. Por esa razón, toda colectora requiere de la activación de recursos en materia de militancia, distribución y difusión de las hojas de votación para alcanzar el objetivo.
La colectora fue interpretada por analistas y políticos como una estratagema oscura porque incrementa dramáticamente la oferta de hojas de votación del partido, generando confusión y poca transparencia sobre el destino final del voto. Sin embargo, desde el punto de vista de los incentivos que genera el sistema electoral, la colectora es una estrategia lógica ajustada a las modificaciones introducidas en la reforma constitucional de 1997. En esa enmienda se prohibió la acumulación por sublemas en el nivel de diputados pero se mantuvo la acumulación a nivel del Senado. El objetivo de los reformadores de 1997 era evitar que todos los competidores menores -minoristas en términos de Francisco Vernazza– se unan bajo un mismo sublema y desafíen exitosamente a los diputados en funciones que buscaban la reelección en su departamento. La estrategia de la colectora entonces reivindica el papel de los minoristas, ya no para desbancar a los diputados sino para ganar escaños en la cámara alta. Sus listas a diputados carecen de ambición genuina pero funcionan como una aspiradora de votos hacia arriba, permitiendo de ese modo competir con chance por bancas en el Senado.
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Octubre de 2024
En la elección del 27 de octubre, Humberto Castro intentará repetir el éxito de 2019, pero redoblando la apuesta. El conjunto de sectores políticos frenteamplistas, agrupados ahora bajo la etiqueta Sumemos, presentaron 398 hojas de votación en todo el país con la lista al Senado liderada por Carolina Cosse y secundada por el propio Humberto Castro. O sea, en esta ocasión la estrategia busca un rédito genuino para su impulsor y creador. Será la colectora al Senado más grande de la historia electoral del país y competirá bajo el sublema Unidos por la Esperanza que también integra la lista senaturial de Óscar Andrade y Constanza Moreira. Entre los primeros candidatos a diputados están el dirigente Daniel Villar (20 hojas de votación); el evangelista Hormiga Fernández (19); el dirigente de Corriente de Izquierda, José Luis De León Ancheta (18); el ex diputado Rúben Martínez Huelmo (18); el ex director de la Intendencia de Canelones, Germán Casaravilla (18); los ediles montevideanos, Gustavo Ripoll (18) y Patricia Cayón (14); la referente del sector Vientos de la Unión, Stella Maris Rodríguez (17); el director de empelabilidad de la Intendencia de Montevideo, Gabriel Chevalier (15) y los dirigentes Valeria Michur (19), Hernán Cabrera (19), Marcos Cáceres (18), Virginia Costa (18); Andrea Acosta (17) Carlos Hernández (17) y Mario Acuña (15).
Pero esto no termina aquí. Otros dos dirigentes frenteamplistas han desarrollado estrategias similares a la de Humberto Castro. En el sublema Por un Uruguay para la gente, el diputado Felipe Carballo, líder del sector Compromiso Frenteamplista (ex Raúl Sendic), presentó 115 hojas de votación con la lista al Senado que él mismo encabeza. A diferencia de 2019, Carballo no cuenta con una posición de reaseguro en la lista de diputados del MPP por Montevideo (hoja 609), por lo que su estrategia será decisiva para asegurar su permanencia en el Parlamento. Mientras Marisol Viñoles es la primera candidata a la cámara baja en 48 hojas de votación de la colectora, Alejandra Barreto es la primera candidata en 39. La única hoja de votación con chance de alcanzar una banca de diputado es la 711 de Montevideo y es precisamente encabezada por el propio Felipe Carballo
Asimismo, en el sublema Socialismo es libertad, el dirigente Diego Olivera, cabeza visible del sector Brazo Libertador, abrió 52 hojas de votación, 24 con la lista al Senado de Gonzalo Civila y 26 con su propia lista a la misma cámara. En las 52 hojas, Olivera es el primer candidato a la Cámara de Representantes.
Para comprender la magnitud de esta estrategia es importante señalar que las tres colectoras representan el 63% de las hojas de votación del Frente Amplio en todo el país (565 de las 896). Este volumen genera un impacto no suficientemente evaluado por el propio partido que, por el momento, parece ignorar o preferir tolerar. En departamentos donde el Frente Amplio es el segundo o tercer partido, la llegada de esta frondosa oferta, pergeñada en la capital, perjudica claramente a los sectores locales que trabajan cotidianamente en el lugar y que por lo general, carecen de recursos necesarios para enfrentar este desembarco.
Los siguientes cuadros ilustran sobre el número de hojas de votación que presenta cada lista al senado (columnas) por departamentos (filas) y agrupados por los tres sublemas al Senado del Frente Amplio.
Los siguientes cuadro muestran el panorama de hojas de votación según sublema del Frente Amplio. Como podrá apreciarse, las estrategias de colectoras o aspiradores incrementan la oferta electoral. Sin esos tres emprendimientos, el Frente Amplio tendría 331 hojas de votación en todo el país. Sin embargo, tiene 896.



* Para visualizar correctamente los cuadros se sugiere abrirlos en otra pestaña del navegador.
Colectora de Sumemos en el departamento de Canelones (23 hojas de votación)
Colectora de Felipe Carballo. Departamento de Canelones (10 hojas de votación)
* La Corte Electoral no subió a su visualizador la hoja de votación 167
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