Eliana González San Martín & Daniel Chasquetti
El Índice de Esfuerzo Parlamentario (IEP) permite comprender la dinámica del trabajo individual de nuestros representantes en el Parlamento. Medir este esfuerzo es fundamental para conocer cómo utilizan su tiempo, cuáles son sus prioridades y en que funciones institucionales se destacan. El objetivo de este breve estudio es explorar si el género tuvo impacto en el modo en que los y las legisladoras desarrollaron sus actividades durante la Legislatura 49° (15/02/2020 al 15/09/2024). Nuestro análisis toma en cuenta las siete dimensiones del índice: (i) asistencia en el plenario; (ii) presentación de proyectos de diversa índole; (iii) uso de la palabra en el plenario; (iv) presentación de exposiciones orales o escritas; (v) presentación de informes de comisiones en el plenario; (vi) solicitud de pedidos de informes; y (vi) gestión político-institucional.
El examen sobre el cumplimiento de estas actividades nos permitirá comprender cómo hombres y mujeres trabajan en el poder legislativo y confirmar o no la existencia de sesgos que impacten sobre la equidad y la eficiencia de la representación.
Estrategia metodológica
Para estudiar el impacto del genero en los valores del Índice de Esfuerzo Parlamentario (IEP) hemos construido una muestra representativa ajustada a las variables sexo y partido. La muestra está compuesta por 72 miembros del Parlamento, 51 representantes y 21 senadores. La selección de nombres para completar los cupos se ajustó al criterio de filiación partidaria y de mayor asistencia a la cámara. El cuadro 1 informa sobre las características de la muestra. En el Anexo puede verse el listado de los 72 parlamentarios.

Las 20 mujeres que integran la muestra son Silvana Pérez Bonavita, Nazmi Camargo (Cabildo Abierto); Lucía Etcheverry, Cecilia Bottino, Cristina Lustemberg, Ana Olivera, Verónica Mato, Bettiana Díaz, Cecilia Cairo, Silvia Nane, Sandra Lazo, Amanda Della Ventura (Frente Amplio); Nibia Reisch, María Eugenia Rosello, Carmen Sanguinetti (Partido Colorado); Nancy Núñez, Alexandra Inzaurralde, María Fajardo; Graciela Bianchi y Gloria Rodríguez (Partido Nacional).
Los 52 varones son Martín Sodano, Sebastián Cal, Eduardo Lust, Álvaro Perrone, Guido Manini Ríos, Raúl Lozano (Cabildo Abierto); Gustavo Olmos, Nicolás Viera, Felipe Carballo, Nicolás Lorenzo, Eduardo Antonini, Gabriel Tinaglini, Enzo Malán, Nicolás Mesa, Sebastián Valdomir, Agustín Mazzini, Carlos Varela, Gabriel Otero, Ubaldo Aita, Daniel Gerhard, Mariano Tucci, Charles Carrera, Mario Bergara, Daniel Caggiani, Daniel Olesker, Enrique Rubio, Sebastián Sabini (Frente Amplio); Ope Pasquet, Felipe Schipani, Conrado Rodríguez, Marne Osorio, Juan Moreno, Germán Coutinho, Tabaré Viera (Partido Colorado); Juan Rodríguez, Alfonso Lereté, Pedro Jisdonian, Álvaro Viviano, Rodrigo Goñi, Miguel Irrazábal, Diego Echeverría, Sebastián Andújar, Álvaro Rodríguez Hunter, Rodrigo Blás, Mario Colman, Gonzalo Mujica, Gabriel Gianoli, Gustavo Penades, Carlos Camy, Jorge Gandini, Sebastián Da Silva y Sergio Botana (Partido Nacional).
Resultados
Para evaluar el impacto del género sobre la actividad parlamentaria, trabajaremos con promedios para diferentes segmentos de la muestra. El cuadro 2 muestra el valor promedio del Índice de Esfuerzo (IEP) parlamentario para los cuatro grupos principales (diputadas, diputados, senadores y senadoras). Como podrá apreciarse, las mujeres tienen un mejor desempeño que los hombres en ambas cámaras. En la cámara baja, las 14 diputadas presentan un promedio de 1,692 en el IEP, en tanto el promedio de los 37 hombres se ubica en 1,692. En la cámara alta, las 6 senadoras obtienen un promedio de 1,178 y los 15 senadores, 1,152. La desviación estándar de los promedios de los dos grupos en la Cámara de Representantes es muy parecida, pero en el Senado se observa que las mujeres tienen desempeños parecidos (0,434), en tanto los hombres presentan una mayor dispersión debido a la inclusión en la muestra de un senador con altísimos niveles de actividad y otros dos con desempeños modestos (ver informe).

Las seis dimensiones del índice
En la Cámara de Representantes observamos que las mujeres tienen mejor desempeño en cuatro de las siete dimensiones: asistencia al plenario, presentación de proyectos, exposiciones orales y escritas y presentación de pedidos de informes. Los varones superan a las mujeres en el uso de la palabra en los debates del plenario, el rol de informante en nombre de la comisión y la gestión política dentro del Parlamento.
En la Cámara de Senadores la situación es muy parecida. Las mujeres superan a los hombres en cuatro de las siete dimensiones, pero la diferencia radica en que logran un mejor promedio en gestión política pero pierden en presentación de proyectos. O sea, las mujeres tienen mejor performance en asistencia al plenario, exposiciones, pedidos de informes y gestión, en tanto los hombres participan más en los debates, presentan más proyectos y cumplen el rol de informante de comisión con mayor frecuencia (ver gráficos).
Por tanto, la comparación de los promedios de siete tipos de actividad parlamentaria muestra que mujeres y hombres están bastante equilibrados en ambas cámaras. Mientras las mujeres asisten más al plenario, hacen más exposiciones y escriben más pedidos de informes; los hombres hablan con mayor frecuencia en el plenario y dominan la función de informante de comisión ante el plenario. Las dimensiones presentación de proyectos y gestión política ofrecen resultados diferentes en cada cámara.
Más allá del género: la influencia de los partidos
Al analizar los datos del IEP por partido se pueden observar patrones interesantes y significativos. Como cada partido presenta características distintivas, su performance no debe ser observada como una simple sumatoria del desempeño individual de sus legisladores, sino como el resultado de las dinámicas internas cuya influencia puede impactar en el equilibrio de la representación de género.
Los gráficos 3 y 4 presentan los promedios generales del IEP para cada partido discriminado según la variable sexo. Como podrá apreciarse, en ambas cámaras las mujeres del Frente Amplio y del Partido Colorado presentan mejores promedios del IEP que sus colegas hombres. En el Partido Nacional ocurre precisamente lo contrario, los hombres superan a las mujeres en las dos cámaras.
Cuando se analiza el desempeño según sexo y partido en cada una de las siete dimensiones del IEP en ambas cámaras, encontramos algunas regularidades interesantes. La dimensiones debate parecen ser la más complicada para las mujeres, sobre todo en el caso del PN, donde en ambas cámaras son superadas por sus colegas varones. La dimensión informante de comisión es también una dimensión árida para las mujeres, donde se ven superadas en el caso del FA -en ambas cámaras-, de CA en la cámara baja y del PN en la cámara alta.
Las mujeres logran mejores performances en asistencia al plenario y exposiciones orales y escritas, cualquiera sea el partido y la cámara. Los gráficos 5 y 6 ilustran claramente este fenómeno a partir del cálculo de las diferencias entre los promedios por sexo para cada actividad y en cada cámara. La línea roja indica el punto de paridad correspondiente al valor 0. Todos los puntos a la izquierda de esa línea muestran que los hombres superan a las mujeres y viceversa, los situados a la derecha indican que las mujeres superan a los hombres.
Conclusiones
El índice de Esfuerzo Parlamentario es una ventana reveladora del compromiso individual de nuestros legisladores con las funciones constitucionales que deben desempeñar. El estudio de una muestra cuotificada y no probabilística, construida a partir de las variables sexo, partido y cámara, permite apreciar algunos patrones relevantes que pasamos a detallar.
En primer lugar, parece claro que las mujeres parlamentarias superan a los hombres en numerosas dimensiones del trabajo legislativo, en particular en aquellas donde su cumplimiento depende claramente del esfuerzo individual. Asistir a las sesiones del plenario, presentar exposiciones orales y escritas o solicitar pedidos de informes al gobierno, son tareas desarrolladas a partir de la decisión individual, lo cual demuestra que su aplicación al trabajo es innegable y que la presencia de mujeres en las cámaras mejora la productividad de la institución.
En segundo lugar, en las actividades más ligadas a la coordinación partidaria las mujeres parecen tener mayores dificultades. La participación en los debates de leyes o interpelaciones o la presentación de informes ante el plenario que fundamenten proyectos en nombre de una comisión permanente, son actividades donde los hombres dominan. Sin embargo, las actividades de gestión política, como la coordinación de bancadas partidarias, el ejercicio de presidencias de comisión, etc., no muestran un sesgo decididamente negativo hacia las mujeres.
En tercer lugar, el partido de pertenencia parece ser un factor importante. El Frente Amplio es el partido que aporta más mujeres a las cámaras debido a la regla de paridad que utiliza para confeccionar las listas electorales. Esta dimensión institucional establece un escenario de mayor presencia femenina y por tanto, de mejor representatividad de género. Sin embargo, esa mejora encuentra límites cuando se cumplen funciones donde la coordinación partidaria e institucional es determinante (debates e informes de comisiones). El Partido Nacional, en cambio, parece ser el conglomerado partidario que impone mayores restricciones a las mujeres. Los promedios de actividad que éstas alcanzan en la mayoría de las dimensiones, suelen ser inferiores a los de los hombres, con la excepción de la asistencia al plenario y la presentación de exposiciones. Por su parte, el Partido Colorado debido a su tamaño, cuenta con pocas mujeres en la muestra (tan solo 3) que ofrecen sin embargo rendimientos superlativos en casi todas las actividades. Los gráficos 5 y 6 muestran que las mujeres coloradas superaron a su colegas varones en todas las dimensiones, salvo en participación en el debate en la cámara baja.
Hace algunos años, un estudio de las politólogas Niki Johnson y Verónica Pérez Bentacur reveló que en Uruguay es frecuente que las mujeres políticas perciban que se las ignora o se las desprecia como interlocutoras válidas1. A partir de una encuesta realizada a mujeres políticas uruguayas durante la campaña electoral 2019, las autoras encontraron que casi un 80% de las mujeres consultadas sintió que al menos una vez se le faltó el respeto al tomar la palabra o que presenciaron cómo se les falta el respeto a otras mujeres políticas. De igual modo, la encuesta mostró que un 73%de las mujeres había experimentado o presenciado situaciones de menosprecio hacia sus opiniones políticas y algo más de un 70% había visto o sufrido actitudes de deliberada marginación y exclusión de los procesos de toma de decisiones.
Las mujeres evaluadas en el presente estudio probablemente hayan sufrido condicionamientos similares durante la 49º Legislatura, que posiblemente hayan minado la confianza a la hora de cumplir con algunas de sus funciones parlamentarias. Ese clima socio-cultural que predomina con desigual intensidad en los diferentes partidos, tal vez explique por qué las mujeres participan menos en los debates del plenario y prefieren desarrollar otras actividades menos sujetas al escrutinio público predominantemente masculino.
Aún así, el estudio muestra con bastante claridad que las mujeres enaltecen la labor del Parlamento y que su participación contribuye a la mejora del rendimiento global de la institución. Un aumento futuro de la proporción de mujeres en las cámaras no sólo traería equidad al principal órgano representativo de la democracia uruguaya, sino también mayor talento y esfuerzo en el cumplimiento de de casi todas sus funciones.
Notas al pie
- Johnson, Niki y Verónica Pérez Bentancur (2023) Violencia política patriarcal: narrativas de mujeres políticas uruguayas. Elecciones 22 (26). ONPE. ↩︎
ANEXO





